Se desaconseja terminantemente el baño con las lentillas puestas. En el agua habitan amebas y otros microorganismos que pueden adherirse a las lentillas, lo que aumenta el riesgo de infecciones oculares graves. En caso de infección, el tratamiento suele ser muy complejo y, además, se prohíbe el uso de lentillas durante varios meses para permitir la completa recuperación.